Solo quería una respuesta.
Esto lo vivió la prima de Marisol, con quien fundó Rebionex, y así lo cuenta:
Mi cuerpo dejó de responder como antes, y nadie supo explicarme por qué. Yo solo quería una respuesta.
Comer me dolía. Toda la comida me caía mal, y no podía pasar los alimentos por la garganta. Sentía como un fuego que me quemaba cada vez que comía algo. Me levantaba cada madrugada; dormía sentada.
No sabía qué le pasaba a mi cuerpo, y eso me llenó de ansiedad. Ni siquiera sabía que era ansiedad.
Acudí a los médicos porque confiaba en ellos. Me hice todas las pruebas y tomé los medicamentos. Gasté miles de dólares. Iba bajando demasiado de peso, y ya no pude seguir trabajando. Aun así, seguía sin saber qué me pasaba.
Perdí mi yo, mi valentía. No podía concentrarme, no podía leer, me costaba hablar. Lloraba frente al espejo: las tallas me quedaban enormes, y tuve que comprar pantalones nuevos. Todo me daba miedo, hasta entrar a la cocina. Mi mamá tuvo que venir a ver qué pasaba, porque ya no pude más.
Marisol, mi prima, estuvo conmigo desde el principio. Investigaba con sus contactos médicos, me ayudaba con las citas, estaba al tanto de mis síntomas. Estaba presente. Pero tampoco sabía qué me pasaba.
Como no podía comer, me alimenté casi solo con suplementos alimenticios: me daban los nutrientes sin tener que comer tanto. Poco a poco volví a tolerar la comida, y supe que aún había esperanza. Y quise entender qué necesitaba mi cuerpo, no depender solo de un producto. Por eso Marisol y yo estudiamos nutrición funcional.
Buscaba respuestas en audiolibros, porque no podía leer, y Marisol escuchaba todo lo que yo escuchaba. Retrocedía, y volvía a investigar y a aplicar. Siempre. Quería entender cada síntoma y cada señal de mi cuerpo. Es un proceso de subidas y bajadas; no es un proceso lineal. Todos los días me echaba porras. Así empecé a encontrarme, a habitarme.
Volví a notar los pequeños detalles de la vida. Regresó mi capacidad de disfrutar mi verdadero yo. Amo mi cuerpo y mi salud.
Recuperé mi salud, y con ella regresó algo que yo había perdido: mi valentía.
Pero aprendí que la salud no se recupera una sola vez: la cuido todos los días. Hoy estoy en otra etapa, y la sigo cuidando. Lo que me ayudó en una etapa puede no funcionar igual en la siguiente. Por eso sigo buscando, investigando.
Es su experiencia. Cada cuerpo responde distinto, y aquí no se promete ningún resultado.
Por eso existe Rebionex: para que ninguna mujer se quede sin entender por qué no se siente bien, y tenga quien la acompañe a ajustar lo que su cuerpo necesita, en cada etapa.